Saturday, March 30, 2013

Breve historia de la educación en México parte 3/4


En la región de Chiapas imperaba como única autoridad la voluntad de los terratenientes, “los mestizos viven exclusivamente de la explotación del indio ¡se oponen sistemáticamente a la educación de éste! ¡El mestizo abriga la creencia  de que el indio es un ser inferior, incapaz de poder asimilar los conocimientos! Mestizos e indígenas se odian recíprocamente”.

La región estaba densamente poblada por indígenas tzotziles separados en pueblos con características distintas: “los indígenas carecen de tierras a pesar de las gestiones múltiples realizadas ante el Departamento Agrario, devengando salarios inferiores al mínimo, en algunos lugares, sujetos al baldiaje”. Bombardeados por la venta de aguardiente, velas, medallas, incienso y otras baratijas. Tenemos como enemigos de la redención del indio a comunidades enteras, a los terratenientes y sus agentes, fabricantes y vendedores de aguardiente, enganchadores y a la mayor parte de los secretarios y agentes municipales quienes son los instrumentos de los explotadores, quienes instigan la destrucción de la escuela. El ataque a los maestros”.

José Vasconcelos, al asumir la rectoría tenía como meta construir un sistema de educación nacional que beneficiaría a toda la población; para ello era necesario crear una nueva Secretaría de Educación Pública, esta vez con jurisdicción en todo el país. Tenía un plan educativo perfectamente delineado. Así inició desde la rectoría de la Universidad una campaña alfabetizadora sin precedente, que alcanzó proporciones de una verdadera cruzada nacional y simultáneamente logró que los Talleres Gráficos de la Nación pasaran al departamento universitario. Por medio de una serie de circulares que envió desde la Universidad, hizo un llamado al ciudadano instruido para que colaborara con el gobierno, exhortándolo a salvar al país del enorme peligro que representaba la ignorancia, ya que más del 80% de la población era analfabeta. El dinamismo y el celo del rector contagiaron al pueblo y la movilización fue inmediata.

Esta campaña de educación básica no se llevó a cabo en la forma en que inicialmente la planearon las autoridades educativas. Una gran parte de la población rural no se interesó en ella, pues, como bien habían señalado tantos educadores, no vio ninguna utilidad en aprender a leer y escribir.

Las autoridades educativas impulsaron la creación de la Casa del Pueblo, escuela para las comunidades campesinas y de las Misiones Culturales, cuerpo ambulante de maestros que tenían como tarea preparar a los maestros rurales en sus nuevas actividades. Estas incluían ayudar a los campesinos a resolver los problemas prácticos de su vida diaria, enseñar no solo el alfabeto sino las industrias propias de la región y ser promotores de una vida más sana en todos los órdenes. Tanto la escuela rural como la urbana comenzaron a seguir los lineamientos de la escuela de acción promovida en el extranjero por John Dewey Decroly. Este método que rechazaba la educación libresco o verbalista para llevar al niño a “aprender haciendo”. Este método debería transformar al maestro dogmático y autoritario en un guía, y el aula en un taller o en una granja.

El gobierno intentó que el libro y en general la labor editorial fueran una ayuda y un complemento para la principal agencia capacitadora de maestros en su nueva tarea de relacionar la escuela con la vida: las Misiones Culturales. En una nueva circular el rector señalaba tres grandes escritores que según él habían logrado sintetizar los valores del espíritu humano: Benito Pérez Galdós, en cuya obra se descubría la bondad del corazón como una forma de lo sublime, como un sacrificio en que se aniquila el sujeto, Román Rolland que daba en sus libros una explicación de todos los problemas contemporáneos, conforme a un criterio de rebosante generosidad y León Tolstoi, porque era la encarnación más sublime del espíritu cristiano.  La Universidad reunió varias obras de dichos autores y las distribuyó entre bibliotecas y sociedades obreras.

Simultáneamente Vasconcelos con los Talleres Gráficos de la Nación bajo su control, creó el departamento editorial que le permitió realizar una basta labor de publicaciones desde el seno de la Universidad primero y después de la Secretaría de Educación Pública. El anhelo del secretario de proporcionar al pueblo lecturas útiles e interesantes que acrecentaran su cultura y garantizaran la continuidad de su educación, el país se vio de pronto inundado de libros.

El proyecto inicial de Vasconcelos era sumamente ambicioso: incluía popularizar “lo mejor que el genio humano había producido” pero también difundir “libros de contenido social que ayudaran a los oprimidos y libros sobre artes e industrias y de aplicación práctica”. Así los numerosos títulos que proponía editar incluían trabajos de imprenta de distintos departamentos del gobierno, más libros de texto, obras sobre organización de sindicatos y cooperativas, libros de higiene y de industrias agrícolas y obras de cultura general como los clásicos universales y poesía y prosa latinoamericana y mexicana entre muchas cosas, en total más de cien mil volúmenes de diversos temas.

El departamento de Bibliotecas de la Secretaría tuvo como objetivo fundar bibliotecas tanto en el Distrito Federal como en los estados por lo que se le dotó de una considerable pensión anual y se impulsó de manera preferente su desarrollo; cien en promedio cada mes entre bibliotecas públicas, obreras y ambulantes.

Las públicas estaban destinadas al pueblo en general pero a ellas asistían principalmente maestros; las obreras funcionaban en edificios ocupados por sindicatos obreros o en fábricas; las ambulantes consistían en lotes destinados a maestros misioneros y escuelas rurales y eran muy ligeras para poder ser transportadas a lomo de mula.

No obstante, los resultados de la campaña alfabetizadora no compensaron el esfuerzo desplegado. La cifra más alta que se registró fue de 52000 alfabetizados durante todo el gobierno de Obregón. Por otro lado, a pesar de la gran difusión de los libros y folletos y de que estos llegaban a una población considerable, gran parte de ésta era aun analfabeta.

Muchos maestros rurales eran analfabetos ya que apenas habían cursado segundo o tercer grado de primaria, no tenían  interés alguno en las publicaciones y mucho menos en los clásicos. Autoridades educativas de los estados se quejaban de que los paquetes que enviaba la Secretaría se conservaban almacenados y sin abrir.

En 1923 se fundaron las dos primeras normales regionales o rurales, que fueron la de Tacámbaro, Michoacán, y la de Molango, Hidalgo. Las dos primeras Escuelas Centrales Agrícolas que  tuvo México fueron la de La Huerta, Michoacán, y la de El Mexe, Hidalgo, ambas fundadas a fines de 1926.  Dependían de la Secretaría de Agricultura y Fomento, cuyo titular era el ingeniero Luis L. León. En 1941  por acuerdo de la SEP, las regionales campesinas pasaron a ser Escuelas Normales Rurales.

La Nueva Política Económica del callismo tenía como objetivo “librar al país del dominio económico extranjero reduciendo al mínimo las injerencias de particulares, empresas o naciones extranjeras”.  Contempló el desarrollo agrícola de México como meta prioritaria. La escuela estaba llamada a cooperar en esta modernización rural aumentando la capacidad de producción del niño y del adulto por medio de conocimientos prácticos.

En este nuevo plan, el maestro, sobre todo el maestro rural, era de nuevo un elemento clave. Como en años anteriores se les debería preparar para enseñar a “vivir”. Con este fin se organizaron las Misiones Culturales (1924), creándose incluso una Dirección, se impulsó el crecimiento de una segunda agencia de capacitación magisterial, las normales rurales, y se dio una nueva orientación a la labor editorial. Tendría, carácter nacionalista y sería esencialmente informativa y un complemento a la obra de redención de las masas; se dejarían a un lado las ediciones costosas y de restringida lectura y se emprendería una profusa publicación de folletos y manuales útiles para el pueblo.

Se daría preferencia a las obras didácticas sobre las literarias, y  entre las literarias, a las obras mexicanas cuyos autores cifren su ilusión en provocar sacudidas en los espíritus más cerrados a la inteligencia de las cosas y a producir en los lectores meditación, responsabilidad, deber y comprensión de análisis.

Algunos de los títulos de las obras para el primer volumen sugieren cuales eran las necesidades más apremiantes: vida sana, cartilla de higiene escrita especialmente para la población rural mexicana y como dar a México un idioma. Esta obra del profesor Rafael Ramírez hizo evidente la preocupación de las autoridades educativas por lograr la unificación lingüística del país.

En junio de 1925 vio la luz una publicación muy peculiar, Mexican Folkwais, revista bimensual publicada en ingles y español y dedicada a tradiciones y costumbres indígenas. Su editora era Frances Toor y entre sus colaboradores estaban los más brillantes artistas e intelectuales del momento; Diego Rivera, Dr. Atl, José Clemente Orozco, Tina Modoti, Pablo González Casanova, Manuel Gamio, Alfonso Caso, Anita Brener, por citar a algunos. Su objetivo era presentar al pueblo americano “las masas de mexicanos”.

Las bibliotecas comenzaron a buscar nuevo público.  Además de las que se establecieron en pueblos, municipios, normales regiones y escuelas de circuito, se llevaron pequeñas bibliotecas a sindicatos mineros, a maquinistas, mecánicos, garroteros y a instituciones como cuarteles, asilos, hospitales, prisiones. Por ejemplo, la Penitenciaría, la Cárcel de Belén, las Islas Marías y el Tribunal para Menores contaron con bibliotecas instaladas por la Secretaría de Educación. Se estableció la hora del cuento en las bibliotecas infantiles; se llevaron a cabo fiestas públicas periódicamente y en ellas se daban conferencias sobre temas de utilidad o se exhibían películas, se iniciaron también las campañas de beneficio público.

La relación con la comunidad fue provechosa para motivar la construcción  de escuelas, caminos y otros servicios que permitían mejorar la vida en común. Fue tal la influencia de los maestros, hombres y mujeres, que todos los actos de la comunidad les eran consultados. Por ello los curas y los hacendados azuzaban a los fanáticos en contra de los maestros.

La guerra cristera, que estalló en 1926 provocado por el conflicto entre Iglesia y Estado y en general por la política del general Calles, había enfrentado a numerosos campesinos levantados en armas con los maestros rurales, obligando a muchos de ellos a tomar uno a otro partido.

La Secretaría insistía: El maestro se debe no a un credo, no a un partido, no a una bandera sino a un grupo social entero y debe mantenerse en situación de poder servir a los intereses generales del vecindario, de la aldea o ranchería con luz en la mente y generosidad en las manos.  Debe  mantenerse por encima de las contiendas predicando y enseñando el evangelio del respeto de la tolerancia, de la buena voluntad como base para una organización democrática. La autoridad que ejercen deben emplearla en bien de la causa de la lucha por el mejoramiento de las condiciones de salud del pueblo y adiestrar a las gentes en los instrumentos de la cultura, leer, escribir y contar.

Sin embargo, en los mismos años aparecen en las revistas editoriales y artículos en los que se les exhortaba a actuar como líderes para poner un remedio a la injusticia social.

1927 y 1928 fueron años sumamente irregulares pues la hacienda o el municipio pagaban a veces y a veces no.

La escuela en general, tanto en el campo como en los barrios marginados de las ciudades, había demostrado ser insuficiente para atender las necesidades de la comunidad; pocas tenían talleres, huertas, campos de cultivo, corrales de cría de animales, en fin los instrumentos adecuados para el método pedagógico que se pretendió implantar en la época de Vasconcelos (la escuela de acción). La Secretaría de Educación, consciente que para el desarrollo comunal se necesitaban otras agencias además de la escuela, comenzó a trabajar en colaboración con otras dependencias,  como la Secretaría de Agricultura. Se vigorizaron por lo tanto, las acciones a favor de la comunidad y se abandonó el ímpetu alfabetizador a tal grado que se suprimió el Departamento de Campaña contra el Analfabetismo.

Un maestro chino enviado a México para observar la campaña alfabetizadora, escribió a su gobierno que no había tal campaña y que ni siquiera existía intento alguno por combatir el analfabetismo sistemáticamente y al entrevistar a Moisés Sáenz, subsecretario de educación, sobre el problema, quedo sorprendido con su respuesta: “debo declararle con entera franqueza que enseñar a leer y escribir no es problema que preocupe en estos momentos al gobierno de mi país. Tenemos una realidad tan desastrosa en nuestras clases indígenas y mestizas que la mera alfabetización resulta inútil, casi peligrosa…
Poco ganamos con enseñar a los niños 2 a 3 años de escuelas si éstos son contrarestados y anulados por el medio adulto donde no se lee ni se escribe, ni se habla castellano ni se tiene un ideal ni una patria”.

En 1929 la Secretaría de Educación Pública realizó una activa campaña de reclutamiento para cubrir las plazas de maestros rurales que se necesitaban para atender las escuelas que se estaban creando en todo el país.  El sueldo mensual era de 54 pesos y el único requisito era el certificado de primaria.  Se establecieron las escuelas de circuito que se trataba de una escuela central que servía de modelo a otras escuelas de su alrededor en un radio de entre diez y cuarenta kilómetros. La escuela central era costeada por la federación y las de circuito por los campesinos o ejidatarios y atendidas por uno o dos maestros rurales pagados también por la comunidad. Se establecieron 703 circuitos con 2,438 escuelas pero la carga económica para los campesinos fue demasiada y fueron suprimidas a dos años de su creación por Bassols.

La penetración de la escuela era tan grande, que la Secretaría de Educación Pública tuvo que crear las escuelas normales rurales, con programas adecuados a las necesidades del campo. Esto facilitó el ingreso de jóvenes de extracción campesina con vocación al ejército de maestros que con tanto éxito estaban realizando la transformación social que el país  reclamaba.

Menciona un maestro que: “En ese tiempo con el sueldo de 80 pesos que me pagan, en vez de comprar ropa, compraba armas y tenía muy buen caballo y el respaldo de todos los ejidatarios porque yo les escribía los oficios para la posesión definitiva de sus parcelas. Cuando mi vida corría peligro. Pedí mi cambio a un ejido que está en la misma Sierra Occidental”.

En 1930, la Asamblea Nacional de Maestro señaló la conveniencia de adoptar como texto básico un solo libro de lectura para cada uno de los grados de las escuelas primarias y hacer libros de texto destinados específicamente a la escuela rural. Estos textos de lectura deberían expresar “las experiencias, intereses, necesidades, aspiraciones, e ideales que vive la gente en las comunidades rurales”, ser “ideología tonificadora para levantar el ánimo caído de los campesinos, nacionalistas y revolucionarios”, procurando explicar los progresos alcanzados en materia agraria sin provocar malas voluntades.

Fermín obra escrita por el maestro Manuel Velásquez Andrade y bellamente ilustrada con dibujos de Diego Rivera era un claro ejemplo del esfuerzo por producir textos para los campesinos por medio de lecciones de sencilla lectura y con láminas que retrataban la vida rural, narraban la historia de un pequeño niño del campo cuyo padre  trabajaba como peón en una hacienda y era miserablemente explotado por el patrón.  La lucha agrarista liberó a esta familia y le otorgó tierras para que vivieran independientemente.  Así el pequeño Fermín tuvo, gracias a la revolución, todas las oportunidades de llevar una vida digna, prepararse y aprender y llegó incluso a desempeñar puestos públicos de importancia. Esta obra clara denuncia del latifundismo, que proponía el reparo agrario como solución y exhortaba a los campesinos a participar en la lucha agrarista.

En El Sembrador, quinto grado aparece la siguiente lectura: “organiza una sociedad cooperativa como los obreros de Rochdale”, la lección que se da al alumno es la siguiente: “funda una cooperativa, pequeña o grande, pero fúndala”.  “Sigue el maravilloso ejemplo de los obreros de Rochdale porque si así lo haces trabajarás generosamente por el bienestar de los demás. En El Sembrador segundo año se lee la siguiente recomendación: “campesinos, si en tu tierra el reparto del suelo se ha logrado y cada vecino disfruta ya de una parcela, instruye a la gente y organízala en una sociedad cooperativa”. Lecciones como estas se repiten varias veces en los textos.

Narciso Bassols secretario de educación pública de 1931–1934, compartía la idea de los dirigentes del país de que el desarrollo y la modernización de México estaba supeditada a las posibilidades de la agricultura; por lo mismo consideraba que la obra educativa y específicamente la escuela rural debería tener un fin esencialmente económico, introducir en los sistemas de producción y transformación de la riqueza todos los conocimientos y medios de la técnica moderna, decía que debemos modificar los sistemas de distribución y consumo y desterrar viejos e inadecuados sistemas de producción.

Se destacó con más fuerza la importancia del maestro quién debería actuar como un verdadero agente de la transformación económica del campo, por lo que su preparación fue la primera preocupación de la Secretaría de Educación. La labor editorial que hasta entonces se había considerado como un complemento y una ayuda en la tarea de capacitación se elevó a la altura de tercera agencia de mejoramiento magisterial, al mismo nivel que las Misiones Culturales y las Normales regionales. Tan importante fue el papel asignado a esta tarea editorial que la Secretaría de Educación, al referirse a la política que seguiría, declaró que la educación era en gran parte la ilustración que el libro y el folleto llevarían a las masas.

Definió como textos no únicamente los libros de lecturas usados en las escuelas primarias sino también el manual para el campesino que asiste a las escuelas rurales y que de él van a derivar la técnica de actividades inmediatas y prácticas que le ofrecen un seguro rendimiento económico.

La publicación más importante de estos años fue la revista El maestro rural (1932). Sus fines básicos eran establecer una vinculación entre los maestros rurales y la Secretaría de Educación y entre ésta y la escuela. Se pretendía también, por conducto de la revista dotar al maestro de armas materiales e intelectuales para enfrentar con su tarea cotidiana y que éste a su vez, por medio de El maestro rural “con su experiencia y reflexión”, ayudara a la Secretaría a marcar los rumbos de la escuela rural sobre bases más sólidas y científicas. Entre sus colaboradores había un gran número de maestros rurales desconocidos y solo algunos maestros de renombre (entre ellos Rafael Ramírez, Moisés Sáez, Manuel Velásquez Andrade). La revista fue acogida con entusiasmo. Así se fueron añadiendo la sección de noticias internacionales, “la voz del maestro”, la sección de consulta y la sección de libros y publicaciones. En su tarea de ser un medio de capacitación de los maestros, la revista incluyó entre sus páginas los cursos por correspondencia que la dirección de Misiones Culturales había establecido poco antes, cursos sobre organización escolar, técnica de la enseñanza, agricultura, pequeñas industrias y jardines de niños.
Por medio de la revista la Secretaría de Educación exaltaba incansablemente a la misión del maestro. Por ejemplo, “El maestro rural, héroe espiritual del campo” es el título del artículo, en el que se expresaba lo valioso del trabajo magisterial “el más honroso que pueda obtener un mexicano ya que de él depende la formación espiritual y material de muchos niños”.

En secciones como “La voz del maestro”, los maestros tenían una tribuna para su crítica, sus quejas, para evaluar o ensalzar las directivas del gobierno o para poner nuevos rumbos a la tarea educativa. Las autoridades por su parte, igual que en la revista coopera, informaban de las innovaciones en materia pedagógica, hacían propaganda a sus realizaciones, daban a conocer la situación de la escuela rural. En “El maestro consulta” el maestro rural obtenía información desde como hacer una pasta de dientes, jabón, primeros auxilios antes la mordedura de alacranes hasta como curar árboles.
Inaugurado bajo el nombre de Museo de Artes Plásticas el 29 de noviembre de 1934, fue el primer museo en México que exhibía objetos artísticos para su contemplación (la única referencia anterior fueron las Galerías de la Academia de San Carlos), y exhibía piezas desde el siglo XVI hasta los murales de Diego Rivera y de José Clemente Orozco que pueden apreciarse en los muros oriente y poniente del segundo piso. Se incluyó también una sala de escultura mesoamericana, otra de estampa mexicana y un Museo de Arte Popular, que albergaría la colección Roberto Montenegro. En 1947, y aprovechando la creación del Instituto Nacional de Bellas Artes, Fernando Gamboa, Julio Castellanos y Julio Prieto modificaron el proyecto museográfico del recinto, transformándolo en el Museo Nacional de Artes Plásticas que incluía, además de un panorama global de la creación artística mexicana, un nutrido programa educativo y un plan de publicaciones para promover a distintos niveles la riqueza artística nacional.

En 1936 se creó la oficina editora Popular con el objetivo de poner el libro al alcance de las clases trabajadoras, pero en especial de los obreros que hasta entonces habían sido caso desentendido. Las publicaciones de estos años fueron de índole diversa, folletos de propaganda sobre la escuela socialista, la revista infantil Palomilla, El libro y el pueblo, el manual del campesino profusamente ilustrados para aquellos que no supieran leer, la revista El maestro rural; pero el género más representativo de la labor editorial del cardenalismo fue sin duda el libro de texto de la lectura: la seria Simiente para escuelas rurales, cuyo tiraje de 3400000 ejemplares; la serie SEP para escuelas primarias urbanas con 1750000 ejemplares y una nueva modalidad: una serie SEP para escuelas nocturnas de trabajadores con un tiraje de un total de 1220000 libros; todos ellos con un costo de 7 centavos el ejemplar.

Estaban dirigidos exclusivamente a las clases trabajadoras; en la elaboración de algunos de ellos, como en los textos para escuelas nocturnas, participaron grupos de obreros por lo que reflejan muchas de las aspiraciones e inquietudes de un sector de trabajadores. Las lecciones e ilustraciones se referían al taller, a la fábrica, al sindicato, al ejido, al campo de cultivo, a la cooperativa. En ellas se exponían temas como: la crítica a la injusta situación social, la denuncia de los patrones y latifundistas como explotadores, el llamado a la organización obrera y campesina, el rechazo a las creencias supersticiosas y del fanatismo; pero a estos se agregan nuevos temas; la exhortación a la lucha de clases para crear un orden más justo, la exposición de los vicios de la clase burguesa, a veces exagerados hasta la caricatura, la presentación de una sociedad modelo, la Rusia Soviética.

La labor editorial del cardenalismo fue una de las expresiones más radicales de las escuelas socialistas: sirvió además a maestros, autoridades educativas y grupos populares para expresar sus ideas sobre una sociedad más justa, y al gobierno como a uno de los medios para buscar su legitimación.

En 1936 se creó el Instituto Nacional de Pedagogía, en 1937 el Instituto Politécnico Nacional, en 1939 el Instituto Nacional de Antropología e Historia, en 1940 el Colegio de México etc.

Durante el gobierno avilacamachista, se establecieron tres objetivos:
1. La eliminación de la coeducación.
2. Revisar el Art. 3o. Constitucional que establecía la educación socialista.
3. Unificar los programas de educación tanto rural como urbana, confirmando con ello el cambio de rumbo que empezaba a dar la política educativa gubernamental.

Durante el gobierno de Ávila Camacho (1960-1946) hubo tres secretarios de Educación Pública: El Lic. Luis Sánchez Pontón (dic. 1940-sep. 1941) quien trató de continuar con el proyecto de la educación socialista ante la inconformidad de algunos profesores y los sectores conservadores que rechazaban el que el presidente hubiera nombrado entre sus colaboradores a defensores de la escuela socialista. El Lic. Luis Sánchez Pontón, no pudo mantenerse en el cargo; su lugar fue ocupado por Lic. Octavio Véjar Vázquez (sep. 1941-dic. 1943).

El Lic. Véjar Vázquez defendió la escuela del amor, por lo que señaló que “el amor eliminaría el conflicto de clases, triunfaría sobre todos los obstáculos”. En 1941 se aprobó la nueva Ley Orgánica de la Educación, la cual mantuvo el carácter socialista de la educación, pero desaparecía la coeducación en los últimos años de la primaria y en la secundaria. A partir de esta Ley, los planes y programas debían ser uniformes en todas las regiones del país. El campo como la ciudad, se regirían por los mismos planes. De esta manera la educación rural quedó integrada a la ciudad, olvidándose los proyectos anteriores.

Las misiones culturales volvieron a funcionar a principios de 1942, sin embargo, se les quitó la tarea de capacitar a los maestros, limitándolas en sus tareas y separándolas de las escuelas rurales. Tiempo después, las misiones fueron anexadas a la Dirección General de Alfabetización y de Educación extraescolar.

En 1942 se creó el Departamento de Internados de Enseñanza Primaria que coordinaba 18 internados repartidos en el país. La Ley Orgánica de Educación Pública modificó el Instituto de Mejoramiento de Segunda Enseñanza en la Escuela Normal Superior, para formar maestros en la enseñanza secundaria y normal.

El secretario orientó su trabajo para lograr la unidad nacional (desde el jardín de niños hasta la normal), buscando disminuir los conflictos en las clases sociales. Se fundó el Seminario de Cultura Mexicana (1943), el Colegio Nacional (1943). Además se fundó la Comisión Impulsora y coordinadora de la investigación científica, para impulsar y organizar las investigaciones técnicas y científicas del país. Se creó la Escuela Normal de Especialización, la Escuela Superior de Guerra y se creó el Premio Nacional de Literatura.

El Lic. Véjar Vázquez propuso volver al proyecto de las escuelas de circuito de 1929, para ello autorizó: A las comunidades rurales a establecer sus propias escuelas y a mantener a sus propios maestros. La SEP ofreció colaborar con parte de los sueldos.

Dr. Jaime Torres Bodet (23 dic. 1943-nov. 1946) sustituyó al Lic. Véjar Vázquez.
Torres Bodet, adoptó una política de moderación y reconstruyó la Secretaría que el Lic. Véjar Vázquez prácticamente había destruido; su tarea fue la de continuar con el proyecto de unidad nacional.

El Dr. Torres Bodet señaló que en la educación se encontraba la solución de los problemas nacionales, por lo que su meta fue hacer de la educación:

Una doctrina para la paz.
Promover la educación para la democracia.
La educación será una preparación leal para la justicia.

Durante su gestión se reformulan los planes de estudio bajo la guía de la Escuela Nueva o Activa, a través del establecimiento de la Comisión Renovadora y Coordinadora de los Planes Educativos. El 21 de agosto de 1944 promulgó la ley contra el analfabetismo para lo cual se elaboraron cartillas bilingües para los grupos indígenas como los otomíes, tarascos y mayas y en 1948 se creó la Dirección General de Alfabetización.

En febrero de 1944 se instaló la Comisión Revisora y Coordinadora de los Planes Educativos y Textos Escolares. La reorganización curricular del sistema tuvo dos objetivos claves: homogeneizar la enseñanza urbana y rural, y profesionalizar al magisterio. Las viejas Casas del Pueblo dejaron de ser centros comunitarios y se volvieron a construir escuelas de corte tradicional, separados los niños de las niñas. Ese mismo año aparece el nuevo programa con las asignaturas organizadas en dos grupos:

1. Materias instrumentales (básicas: lenguajes, aritmética y geometría, dibujo, trabajos manuales; y complementarias: música y canto, y educación física).
2. Materias informativas (ciencias naturales y ciencias culturales o sociales [historia, civismo y geografía]). Las niñas llevaban economía doméstica.

Se creó el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio (IFCM), en diciembre de 1944, y el Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas (CAPFCE). El IFCM se encargaría de capacitar a los maestros que ejercían sin ningún título profesional.


LA EDUCACIÓN RURAL (1921-1950)
1920
Alvaro Obregon.
1921
Fundación de la SEP.
1922
Creación de las primeras escuelas rurales.
1923
Establecimiento de la primera Misión Cultural en Zacualtipán, Hidalgo,
1923
En algunas escuelas rurales, “Casas del Pueblo”, se imparten conocimientos agrícolas y prácticos.
1923
Creación de la primera Normal Rural en Tacámbaro, Michoacán.
1924
Plutarco Elías Calles.
1925
Fundación de la Dirección de Misiones Culturales a cargo de Elena Torres.
1925
Los antiguos maestros misioneros son sustituidos por instructores agrícolas y de arte y oficios.
1925
Redefinición de los propósitos de las misiones culturales.
1928
Emilio Portes Gil
1928
Moisés Sáenz, Secretario de Educación Pública.
1930
Pascual Ortiz Rubio.
1930
Narciso Bassols, Secretario de Educación Pública.
1932
Abelardo Rodríguez.
1932
Creación de las Escuelas Centrales Agrícolas.
1934
Lázaro Cárdenas.
1934
Reforma al Artículo 3º. Constitucional que establece la educación socialista.
1935
Gonzalo Vázquez Vela, Secretario de Educación Pública.
1935
“Bases para la pronta y eficaz fundación de las escuelas Artículo 123” entran en vigor.
1936
Las escuelas normales rurales se transforman en escuelas regionales campesinas.
1940
Manuel Avila Camacho.
1941
Octavio Vejar Vázquez, Secretario de Educación Pública.
1942
Unificación de los planes de estudio de las normales rurales y urbanas.
1942
Ley Orgánica de Educación socialista: le quita su contenido radical.
1943
Jaime Torres Bodet, Secretario de Educación Pública.
____________________________________________________________________
Años de persecución violenta a los maestros por parte de fanáticos religiosos.
1944
Nace el Instituto de Capacitación del Magisterio.
1944
Ley de Emergencia para la Campaña Nacional contra el analfabetismo.
1946
Reforma al Artículo 3º constitucional que suprime la educación socialista.

Durante el gobierno de Miguel Alemán Valdés, el Secretario de Educación Pública fue el Lic. Manuel Gual Vidal, quien actuó bajo premisa de una escuela unificada.

Para diciembre de 1946 se creó el Instituto Nacional de Bellas Artes. En el año de 1947 se creó la Dirección de Enseñanza Normal. Para estudiar y resolver los problemas del sistema educativo: planificación, programación, organización y métodos; tanto de normales urbanas, rurales de educación física como de educadoras. En 1948 se realizó el Primer Congreso de Educación Rural convocado por la Secretaria de Educación Pública y el Sindicato de Trabajadores de la Educación, en donde se:

Resaltó la importancia de la educación de adultos.
Señalaron los objetivos de la educación rural mexicana, establecer los elementos de la cultura y de la técnica para cooperar en la lucha para la modernización e industrialización de la agricultura y por ende al aumento de su producción.
Se estableció guarderías de desayunos a niños pobres.
Mejoramiento profesional del magisterio rural.

Los planes de construir una Ciudad Universitaria se remontan a 1929. Es en 1949 cuando se inicia la construcción.

En 1950 se inauguró la CREFAL (Centro de Cooperación Regional para la Educación de los Adultos en América Latina y el Caribe). Es un organismo internacional de cooperación en materia educativa creado por iniciativa de la UNESCO y el Gobierno de México, con la participación de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Fungía en ese año como director general de la UNESCO el mexicano Jaime Torres Bodet, quien impulsó la creación del CREFAL con el propósito de crear centros del mismo tipo en otros países del mundo en desarrollo, para apoyar la tarea educativa en los ámbitos sociales más rezagados de esos países, particularmente el ámbito rural. Su nombre original, del que derivan las siglas que aún conserva, fue el de Centro Regional de Educación Fundamental para América Latina.

El Profesor Francisco Larroyo fundó la Escuela Nacional de Educadoras. El 22 de julio de 1952 se creó el doctorado en Pedagogía en la Escuela Normal Superior de México y  terminó de construir Ciudad Universitaria.

Durante la gestión del presidente Adolfo Ruiz Cortines fue secretario de educación, el Lic. José Ángel Ceniceros Andonegui. En 1957 se creó el Consejo Nacional Técnico de la Educación, para planificar la educación pública del país.

Durante este sexenio se desarrollo el movimiento Revolucionario del Magisterio encabezado por el Profr. Othon Salazar. Fueron una serie de huelgas y un movimiento social en la que participaron maestros, intelectuales, obreros y profesionistas con el fin de pedir mejoras salariales. Se incremento los recursos económicos a instituciones de educación superior. Sin embargo “No hubo grandes avances educativos.”

Durante el gobierno del Lic. Adolfo López Mateos se buscó mejorar la organización y funcionamiento del sistema Educativo Nacional. También impulsó el rendimiento de las escuelas normales. Impulsó la educación pública y se crea la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos (CONALITEG) en las escuelas primarias y se mejoró la alimentación infantil y se establecieron los desayunos para los educandos.

Fue su Secretario de Educación Pública el Dr. Jaime Torres Bodet; quien buscó eliminar el enciclopedismo de las escuelas. Reestructuró la SEP, al crear tres subsecretarias: Subsecretaría General y de Coordinación Administrativa, la Subsecretaría de Enseñanza Técnica y la Subsecretaría de de Asuntos Culturales.

Se preocupó por la formación de los profesores, la formación técnica, elemental y profesional y la formación agrícola elemental de los campesinos. Bodet consideró que la educación técnica debería estar en contacto con las industrias, sindicaros y personal directivo del Instituto Politécnico Nacional (IPN), así como de los Institutos tecnológicos y Escuelas Técnicas.

Se creó, en diciembre de1958, una Comisión para formular un Plan destinada a resolver el problema de la educación primaria; comisión que estuvo conformada por el secretario de la SEP, delegados de la SEP, de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y de Gobernación, representantes del poder legislativo federal, asesores del Banco de México, del SNTE y de la Secretaría de Industria y Comercio. Dicha Comisión se enfocó en combatir el problema de la gran cantidad de niños en edad escolar que no recibían una educación por falta de escuelas; para lo cual la Comisión entregó al secretario Bidet: “Plan para el Mejoramiento y la Expansión de la Educación Primaria en México”, del cual surgió el Plan de Once Años, como propósito garantizar, en un plazo de once años, la enseñanza elemental a todos los niños entre los 6 y los 14 años que tuvieran posibilidad efectiva de asistir a la escuela y no la recibían por falta de aulas, de grados escolares, de maestros o por cualquiera otra razón de orden escolar; realizándose las siguientes acciones: formación de profesores, creación de plazas para profesores, reformas a los planes y programas de estudio, construcción de aulas, impresión de libros de textos, entre otras.

El 12 de febrero de 1959 se creó la Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuitos. Se dio a conocer el Reglamento de la Ley Orgánica del IPN. Se mandaron a construir más escuelas para atender la demanda educativa de ese momento.

Los nuevos programas de educación preescolar consideraban el desarrollo biopsíquico, intereses y necesidades de los alumnos. En educación primaria se relacionaron los aprendizajes con las necesidades del niño, sus experiencias y su vida cotidiana. En cuanto a la educación de la segunda enseñanza se redujo la carga académica, la educación artística, física, tecnológica y cívica serían flexibles para que se adaptaran a las necesidades de cada región. Y en lo que concierne a la educación normal se restauraron las normales rurales, la Escuela Normal Superior de México (ENSM) sufrió reformas académicas con el plan de estudios “59”, con lo que se incrementa las horas de formación didáctica de 3 a 6, se establecieron cursos de conocimiento y educación de los adolescentes, se estableció la asignatura de Política Educativa de México. Las especialidades de Historia de México e Historia Universal se fusionaron, se creó la especialidad de Educación Cívica y Social, la de Pedagogía y la de Psicología Educativa, así como la de Orientación Educativa y Vocacional, de Dibujo Técnico y Actividades Tecnológicas. Además se estableció que los alumnos que no tenían ningún antecedente pedagógico deberían de cursar un año de nivelación pedagógica. Estableciendo cursos de mejoramiento profesional y capacitación pedagógica para los profesores de taller.