Análisis de lecturas.
El Placer por lo Antiguo.
Por Alejandro Valdés
Hernández.
“La historia ya no es lo que era”
Pozo y Carretero.
M
|
uchos
maestros presentan serias dificultades y deficiencias en cuanto a la enseñanza
de la historia y muchas veces su quehacer docente queda muy alejado de lo que
se considera y busca en el modelo constructivista. La historia que hoy se
imparte es fundamentalmente conceptual, porque no se trata de narrar, sino de
explicar. Lo grave no es que la didáctica cambie, sino que, según la
lógica de la disciplina, puede no serlo tanto desde la lógica del niño. La
enseñanza de la historia en la primaria siempre ha sido difícil, ya que su
comprensión requiere de diversas habilidades cognitivas que los niños aún no
han desarrollado.
Pero por otra parte, debemos considerar otras dificultades de gran
importancia como es la preparación del docente en este enfoque de la enseñanza
de la historia y su estilo de enseñanza, así como su metodología e inclusive la
actitud que tome el mismo, ya que muchas veces el docente manifiesta un antiguo
repudio por esta asignatura, y la deja de lado, concentrándose más en la
enseñanza del ESPAÑOL y las MATEMÁTICAS.
Primero, recordemos que la historia en la escuela primaria no busca
describir el pasado tal cual sucedió, sino que los niños lo reconstruyan
explicativamente y a su vez lleven a cabo un proceso reflexivo. Las respuestas
que nos ofrece se derivan de la implicación significativa, de la búsqueda de
razones. Lo cual no llevamos mucho en nuestra práctica docente o no sabemos cómo
lograrlo.
Muy cierto
es, que el niño requiere de ciertas habilidades; de que en la historia existen
palabras ambiguas y conceptos. El modelo constructivista busca que el niño
siempre de una respuesta adecuada a las preguntas que él se plantea a sí mismo.
Las respuestas del sujeto son respuestas adaptativas de un sujeto a su medio y
deben ser entendidas en relación a ese medio. Las palabras empleadas por un
sujeto no tienen una significación independiente del propio pasado de ese
sujeto y del propio ámbito vivencial sobre el que tal sujeto ha operado:
inteligencia y cultura son dos conceptos interdependientes. La manifestación
del sujeto es la manifestación de su mundo: de la amplitud de sus contextos
vivenciales y del dominio que ha desarrollado sobre los mismos.
El
fracaso del alumno del ciclo superior en historia pone de manifiesto la
parquedad de los contextos vivenciales del sujeto cognoscente. En muchos casos,
el alumno es un sujeto de un medio social muy restringido. No ha tenido
aún la posibilidad de incorporar a sus estructuras cognoscitivas las
preocupaciones, formas de vida y las relaciones inherentes a la sociedad global
a la que (a través de intermediarios: su familia, la escuela) pertenece.
Tengamos
en cuenta que lo ya conocido aún no ha sido contrastado con lo existente en
otros medios, en otros contextos del presente. El conocimiento histórico es
fruto del diálogo cognoscitivo entre presente y pasado. Es necesario trascender
por encima de los aspectos anecdóticos, es decir, relativizar lo
concreto-absoluto y saber encontrar las recurrencias.
El
gran riesgo de la didáctica de la historia en la escuela reside en la necesidad
que tiene el niño de decodificar el pasado bajo los estrechos esquemas que le
proporciona el deficiente dominio de su (reducido) ámbito operatorio. La única
salida que está a nuestro alcance es la de ampliar los dominios operatorios del
sujeto, posibilitar sus prácticas cognoscitivas sobre las realidades del
presente.
Ahora
bien la pregunta obligatoria es: ¿Cómo lo hacemos? Por que no basta con
proporcionar el deber ser, el marco teórico; sino que también es necesario contar
con estrategias y vivencias de esta labor. Podemos conocer el objetivo y
propósito a alcanzar en alguna determinada clase de historia pero el problema
radica en cómo lograr esos propósitos o cómo abordar eficazmente esos
contenidos, sin contar con vivencias previas y de la consulta de libros u otras
fuentes acerca de estrategias y actividades.
Lógicamente,
a lo largo de los años se han desarrollado diversas estrategias, actividades y
elementos que amplían el ámbito operatorio del niño, y que ayudan al niño a
comprender mejor la historia, además de que hacen de su estudio una actividad
amena y recreativa. Dentro de una clase de historia, podemos fácilmente
auxiliarnos de fotografías de monumentos; realizar visitas a museos; hacer uso
de líneas del tiempo y de mapas históricos; e inclusive de antologías,
monografías y libros del rincón.
Si lo
pensamos bien tenemos toda una gama de elementos para apoyarnos en la enseñanza
de la historia, de igual forma sucede con las actividades a realizar. Sin
embargo, se ha descuidado este aspecto dentro de las clases, se han puesto en
segundo término, pero a pesar de todo, no se han olvidado. Como muestra, se
exponen a continuación algunas actividades y materiales que favorecen y
facilitan la enseñanza de la historia…
En
primer lugar, no olvidemos que el maestro cumplirá el papel de guía o de
introductor en un mundo que desconocen los niños, haciéndolo interesante para
ellos. Por ejemplo, con los monumentos logra de cierta forma dar vida a sus
enseñanzas. Gracias a ellos, el alumno empieza a entrar en la historia. La
historia de cada localidad proporciona ejemplos de esta clase que debemos
aprovechar como educadores. Esto puede ser una revelación para él. Las cosas,
los hechos que narra la historia, ocurrieron en un sitio determinado y muchas
veces este sitio aún existe.
Solo
recreando el marco histórico en el que se dio un suceso histórico en específico
es como se logra que el niño lo comprenda mejor y por ende, logre un
aprendizaje significativo. Aprenden a verlo con ojos distintos, lo descubren
desde otro punto de vista y adquiere para ellos un valor nuevo.
De
manera similar sucede al visitar un museo con total control de la situación, ya
que una visita improvisada puede producir muchos contratiempos y dolores de
cabeza en los maestros. Recordemos que la planeación es fundamental y la
primera fase de nuestra labor. Para esta actividad, será necesario atender tres
momentos: el antes, el durante y el después. Sólo así lograremos acercarlos a
lo asombroso.
Antes
de visitar el museo con el grupo debemos nosotros maestros conocer que hay y
que no en el museo, escoger lo que se va a comentar y lo que no, medir el
tiempo, y reflexionar sobre la preparación pedagógica que requieren los alumnos
antes de enfrentarse con su contenido. Para esto último, se recordaran contenidos
de clases pasadas o se explicaran situaciones que tienen estrecha relación con
lo que se observará en el museo.
Durante
la visita, a parte de explicar las normas de conducta que deberán manifestar
cada niño, se harán toques de atención para ayudar a los alumnos a relacionar
lo que ven con lo que antes se explicó. Y después, todo lo que los niños
observaron serán objeto más tarde de comentarios en la clase, de esta forma
explican sus impresiones, e inclusive pueden marcar la pauta para la elaboración
de un producto escrito e integrar un periódico mural.
Indudablemente
el valor del museo radica en que nos ayuda a estimular y a cautivar la
imaginación de los niños, motivándolos a profundizar aún más en el tema
estudiado; además se desarrollan habilidades como la observación e
interpretación; y se motiva la curiosidad y la emoción. El museo es un espacio
físico que nos obliga a salir de lo común, y al cruzar la puerta nos
trasladamos a otro momento de la historia. Ya que las piezas que se exhiben forman
parte de un lenguaje, son la expresión de formas de vida, creencias,
costumbres, etc. Y gracias a estos objetos, podemos echar andar a nuestra
imaginación, sobre todo en el infante. También nos lleva a cuestionarnos e ir
más allá de la simple descripción, logrando la comprensión de distintas formas
de vida y permitiéndonos valorar la nuestra.
Como
maestros debemos trasmitir el gusto, el goce por descubrir los objetos del
museo, pero lógicamente, hay que conocerlos de antemano con espíritu de
asombro, sólo así podremos entusiasmar a los niños no para que hagan una tarea,
sino para que tengan una vivencia.
Y no dejarnos guiar por prejuicios, como:
1. Pensar que el museo es un recinto
solemne que resguarda objetos extraños que no tienen que ver con nuestra realidad.
2. Considerar que lo más importante son
los textos que acompañan a las piezas.
3. Creer que un museo responde a todas
las preguntas.
En cuanto a los mapas,
sabemos que son una excelente herramienta gráfica que representa un espacio
simbólico. Gracias a ellos, los momentos históricos se transfieran a un plano
espacial, momento visual único, que el lector debe descomponer con ayuda de las
fechas que dan los movimientos precisos de las acciones representadas. Para su
lectura se debe obedecer a normas simples.
Finalmente, también
contamos con antologías, monografías, libros del rincón y el libro de texto. En
la antología se cuenta con narraciones, lecturas y sugerencias para aprovechar
los textos. Con las monografías, establecemos la relación entre los periodos de
la historia nacional y la historia de la entidad.
Y en cuanto al libro de texto, reúne
diversos elementos valiosos y atractivos. En
general consta de:
·
Texto principal.
·
Recuadros.
·
Mapas.
·
Ilustraciones.
·
Sugerencias.
·
Cronología.
Texto principal. Contiene la información básica acerca de los temas
que se estudian. Tiene un tono explicativo y narrativo, de fácil entendimiento
para los niños. La información induce al niño, en ocasiones, a la reflexión y/o
a la investigación acerca de la importancia de lo que se estudia. Con este
texto se realizaría una lectura guiada de comprensión, que le proporcionaría
información principal del tema a estudiar y de la cual, se desglosa la
actividad principal de análisis.
Recuadros. Distribuidos a lo largo de cada lección, aportan
información complementaria al texto principal. Presentan reflexiones, relatos o
descripciones de hechos relativos a la vida, así como aspectos culturales y
sociales. Se tomarían como datos anecdóticos de interés general, y serían
leídos ante el grupo en dos momentos distintos: durante la lectura guiada de
comprensión; o abriendo un espacio de reflexión llamado “¿sabías qué?” Esto,
con el objetivo de que el niño conozca datos curiosos e interesantes acerca del
tema que estudia, que reflexione y que analice.
Lecturas. Aportan información complementaria al texto principal.
En la mayoría de los casos aparecen al final, e incluyen el pensamiento de
personajes destacados de nuestra historia, relatos épicos o de la vida
cotidiana, así como aspectos culturales y sociales de nuestro país. Aunque en
muchos casos no se abordan en las clases, podemos de vez en cuando, y
dependiendo al tiempo y al interés del niño, leerlas y reflexionar su
contenido, como algunos son pensamiento de personajes, se pueden extraer los
puntos más trascendentales y elaborar con esas ideas, un pergamino.
Mapas. Muy útiles para ubicar a los niños espacialmente, es
aconsejable que el niño este pasando de la lectura a la consulta ordenada de
los mapas, ya que ellos entenderán mejor la argumentación que se desarrolla en
cada lección si tienen oportunidad de saber dónde sucedieron los hechos y si se
forman una idea aproximada en las características de esos lugares.
Ilustraciones. Los libros de texto contienen abundantes ilustraciones,
referentes al tema de estudio. Es importante que durante la lectura de
comprensión se vean las ilustraciones para la comprensión mejor del texto
principal y así, observar algunos aspectos de la vida social, el paisaje y el
arte que no se explican en el texto; por ello se requiere ayudar a los niños a
que distingan los detalles de cada una y a que los comenten.
Sugerencias de actividades. Aunque no
estamos obligados a realizar estas actividades, es bueno llevarlas a cabo,
debido a que con ellas ayudamos al niño a reflexionar sobre la información,
desarrollar su capacidad para identificar procesos de cambio o permanencia y
para desarrollar su imaginación histórica.
Cronología. Finalmente, en el margen inferior, aparece una línea
del tiempo en la que se registran datos relativos a hechos sociales, culturales
o políticos, al arte, la ciencia y la tecnología. Su uso y utilidad radica en
la localización de sucesos, su conocimiento, y la comprensión de los procesos
estudiados, y gracias a ellas, el niño irá reforzando su esquema temporal. En
nuestro caso, consideramos conveniente hacer uso de ella como fuente de
consulta y no como información para memorizar.
En general, para aprovechar todos estos elementos se requiere guiar a
los niños para que realicen una lectura dinámica. A veces será necesario
detener la lectura del texto principal y dirigir la atención a algunas
ilustraciones o algún recuadro. En otras ocasiones el trabajo puede iniciar con
la observación de las ilustraciones y dedicarse posteriormente al análisis y
revisión del texto principal, etc. Sabiéndolo usar, es una excelente
herramienta para apoyarnos a lograr nuestro objetivo.
Pero al final de cuentas, habrá un elemento que si falta provocará que
todo lo antes expuesto resulte en un rotundo fracaso o en logros a medias, me
refiero a la actitud del docente.
¡Sí!, estimado lector, si nosotros como maestros nos mostramos con
antipatía y sin compromiso profesional, a pesar de tener lo mejor en materiales
de enseñanza y a pesar de conocer estrategias novedosas, los resultados serán
limitados. Los niños necesitan ser guiados con entusiasmo, despertando el
interés en el niño. Un maestro dinámico y afable obtendrá mejores resultados
que uno que es apático, calmoso, serio o insociable; me refiero al sabor de la
enseñanza, ese ingrediente mágico que da vida y placer.
Si nosotros llegásemos a realizar una conjunción de todos estos
elementos, seriamos excelentes maestros. Suena utópico, pero déjenme decir que…
nada es imposible si existe compromiso y un esfuerzo constante por auto
superarse. ¡Gracias!
Textos consultados.





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