La práctica educativa. Unidades de análisis.
A continuación se presenta los puntos más
destacados acerca de cómo mejorar la práctica educativa, sus variables que la
configuran y las variables metodológicas de la intervención en el aula.
Objetivo: mejorar la
práctica educativa.
Uno de los
objetivos de cualquier buen profesional consiste en ser cada vez más competente
en su oficio. Para lograrlo es muy necesario tener conocimientos y experiencias
de las variables que intervienen en el aula y como abordarlas. Sin embargo, es
aquí donde surgen problemas de valoración: ¿qué experiencias son adecuadas?,
¿bajo qué criterios debemos valorarlas?, ¿realmente hacemos bien nuestro
trabajo?, etc.
El análisis de
nuestra práctica, mejora nuestra actividad profesional pero no será suficiente
sino conocemos los criterios que nos permitan realizar una evaluación razonable
y fundamentada. Sin embargo, la complejidad de las variables que intervienen en
los procesos educativos, tanto en número como en grado de interrelaciones que
se establecen entre ellas, afirman la dificultad de controlar esta práctica de
una forma consciente. En la clase suceden muchas cosas a la vez, rápidamente y
de forma imprevista, y durante mucho tiempo, lo cual hace parecer difícil el
intento de encontrar pautas o modelos para racionalizar la práctica educativa.
Elliot
distingue dos formas muy diferentes de desarrollar esta práctica:
Por un lado,
en donde el desarrollo de la comprensión precede a la decisión de cambiar las
estrategias docentes. Por otro lado, en donde la decisión de adoptar una
estrategia de cambio precede al desarrollo de la comprensión. La acción inicia
la reflexión.
Lo
recomendable sería, si disponemos de conocimientos (referentes de la
situación), los utilicemos previamente al planificar, durante el proceso
educativo y después, realizar una valoración de lo acontecido. Nuestras
debilidades y errores recaen en parte por la falta de reflexión sobre las
situaciones y la omisión de acciones para mejorar. Es necesario, una actuación
profesional basada en el pensamiento práctico, pero con capacidad reflexiva.
No obstante,
necesitamos medios teóricos que contribuyan a que el análisis de la práctica
sea realmente reflexiva; entendido como instrumentos conceptuales extraídos del
estudio empírico y de la determinación ideológica, que permitan fundamentar
nuestra práctica. Dos grandes referentes son:


La
estructura de la práctica obedece a múltiples determinantes, tiene su
justificación en parámetros institucionales, organizativos, tradiciones
metodológicas, posibilidades reales de los profesores, de los medios y las
condiciones físicas existentes, etc.
Entender
la intervención pedagógica exige situarse en un modelo en el que el aula se
configura como un microsistema definido por unos espacios, una organización
social, unas relaciones interactivas, una forma de distribuir el tiempo, un
determinado uso de los recursos didácticos, etc., donde los procesos educativos
se explican como elementos estrechamente integrados en dicho sistema. Así pues,
lo que sucede en el aula sólo se puede averiguar en la misma interacción de
todos los elementos que intervienen en ella. Pero además, esta práctica, si
debe entenderse como reflexiva, no puede reducirse al momento en que se
producen los procesos educativos en el aula, debe extenderse a la planificación
y la evaluación de los procesos educativos, parte inseparable de la actuación docente.
Podemos
definir las actividades o tareas como una unidad básica del proceso de
enseñanza/aprendizaje, cuyas diversas variables presentan estabilidad y
diferenciación. Tienen entidad suficiente para hacer un análisis ilustrativo de
los diferentes estilos pedagógicos, pero pueden tener un valor u otro según el
lugar que ocupen.
Teniendo
en cuenta el valor que adquieren las actividades cuando las colocamos en una
serie o secuencia significativa, hay que ampliar esta unidad elemental e
identificar, también, como nueva unidad de análisis, las secuencias de
actividades o secuencias didácticas como unidad preferente para el análisis de
la práctica, que permitirá el estudio y la valoración bajo una perspectiva
procesual que incluya las fases de planificación, aplicación y evaluación.
Si
realizamos un análisis de dichas secuencias buscando los elementos que las
componen, nos daremos cuenta de que son un conjunto de actividades ordenadas,
estructuradas y articuladas para la consecución de unos objetivos educativos,
que tienen un principio y un final conocidos tanto por el profesorado como por
el alumnado.
Una
vez determinadas las unidades didácticas, hay que buscar sus dimensiones para
poder analizar las características diferenciales en cada una de las diversas
maneras de enseñar. Joyce y Weil utilizan cuatro dimensiones: sintaxis, sistema
social, principios de reacción y sistema de apoyo.
Las
dimensiones o variables que selecciona el autor son las siguientes:







Las variables que configuran la práctica educativa.
En
el cuadro podemos ver inicialmente los ámbitos de intervención educativa y su
concreción en unos contenidos de aprendizaje y unos criterios de enseñanza que
se combina e inciden en las características adoptadas por las variables
metodológicas en lo que el autor denomina una “propuesta de intervención ideal”.
De esta forma, tenemos el modelo teórico libre de cualquier contexto educativo
en específico. Pero posteriormente, nos situamos en la realidad del contexto
educativo, en donde debe llevarse a cabo la intervención y una serie de
condicionantes que impiden, dificultan o modulan el desarrollo ideal según el
modelo teórico.
De
esta forma, la práctica educativa se interpreta no sólo desde lo que no se hace
con relación al modelo teórico, sino como el resultado de adaptación a las
posibilidades reales del medio en que se realiza el proceso.
Licenciatura de Educación Primaria.
Seminario de Análisis del Trabajo Docente.
Séptimo Semestre.
Alejandro Valdés Hernández.
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