Alejandro
Valdés Hernández.
“Hablar en la escuela: ¿para qué?... ¿cómo?”
En la lectura, María Elena Rodríguez, señala la
problemática que existe dentro de nuestras aulas con respecto a la forma de
enseñanza del lenguaje. De manera indirecta nos muestra una contradicción entre
los objetivos y propósitos de enseñanza del lenguaje con la metodología que se
usa dentro del salón de clases por la mayoría de maestros. En otras palabras se
hace un contraste entre el deber ser y el ser; entre la teoría y la práctica.
Ahondando más en el texto,
podemos ver que la autora se concentra más en la oralidad dentro de las aulas,
buscando resolver las siguientes cuestiones: el por qué no se enseña a hablar
en la escuela, el para qué enseñarla y el cómo.
La razón o justificación que se
da a la poca atención de la escuela en cuanto al lenguaje oral es muy simple;
este, a diferencia de la escritura, constituye un aprendizaje individualmente
extraescolar. Por lo mismo, en su afán de dar un aprendizaje formal se
concentra en el lenguaje escrito olvidándose de todo lo demás. Claro esta, que
intervienen diversos factores, tanto internos como externos, los cuales la
autora se da el derecho de omitirlos.
Vasta con decir, que el infante
al momento de entrar a la escuela ya cuenta con conocimientos suficientes del
uso del lenguaje oral en diversas situaciones comunicativas y su importancia.
Entonces... ¿cuál es la labor que debe desempeñar la escuela al respecto, si
los niños ya saben hablar? Las respuestas que se dan, son las siguientes:




He aquí, la necesidad de que la escuela no se
deslinde de su participación en la enseñanza del lenguaje oral. Pero, ¿cómo
debe de hacerlo? Actualmente, se han aportado conocimientos, investigaciones y
análisis sobre la lengua, y las estrategias para su aprendizaje. Es así, como
comprendemos la trascendencia de brindar a los estudiantes muchas oportunidades
de hablar, a distintas audiencias y con diversos propósitos. Sin embargo, las
técnicas y metodologías que se proponen no son imposiciones sino
recomendaciones; las cuales pueden ser adaptadas, modificadas o rechazadas por
el maestro. Al mismo tiempo, no buscan eliminar la iniciativa y creatividad del
profesor; al contrario, este puede hacer sus propias actividades, apoyadas en
tres pilares básicos:



Ahora bien, hablar es una
actividad distinta a la de escribir, que aunque van ligadas por ser ambas
formas de expresión, no pueden tomarse como iguales ni que una implica a la
otra.
Es más, debemos de cambiar
nuestra forma de pensar y abrir nuestra mente para tener una nueva concepción
de lengua, como un conjunto de variedades que corresponden a distintos usos
sociales. De esta forma, comprendiendo plenamente lo que significa hablar, nos
permitirá hacer un cambio en la manera de ver las cosas y de enseñar; dejando a
un lado la teoría tediosa, aburrida e ineficaz, y permitiendo la adquisición y
el desarrollo de saberes prácticos que permitan la organización del
pensamiento, el desarrollo de esquemas cognitivos, la transmisión de ideas, la
producción e interpretación de ideas, etc.
Para esto planificaremos actividades en torno de la lengua
oral considerando tres niveles del lenguaje: forma (estructuras y reglas),
función y significado sociocultural (importancia). Con una actuación
intencional y adaptada a los niños que se les aplique. Teniendo como escenario
de trabajo el aula, y articulando componentes como: marco, participantes- su
papel, propósitos, estructura de la interacción, normas, géneros; dando lugar a
diferentes usos orales por parte de los docentes y de los alumnos.
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